Vivir en paz no quiere decir no sentir tristeza, enfado, soledad o indignación. Quiere decir estar en paz con lo que estoy sintiendo.
Quiere decir que esa presencia amorosa que vive en mí me da la mano y me dice: «Está bien que sientas esto».
Incluso podemos sentir un impulso agresivo y escuchar dentro de nosotros esa voz compasiva que nos dice: «¿Cómo no ibas a sentir eso?».
Esa comprensión profunda y amorosa de cada sentir que tengo me permite vivir en paz. Y, desde la paz, ese impulso agresivo se va aplacando hasta desaparecer.
En cambio, se acrecienta cuando lucho contra él, y también aumenta la separación.
Cuando soy consciente de que el amor y la comprensión también viven en mí, les permito actuar. Y lo que me dicen es: «Dame la mano, que lo sentimos juntos».